TOMATE (Lycopersicum sculemtum L.)

El origen del género Lycopersicum se localiza en la región andina que se extiende desde el sur de Colombia al norte de Chile. Probablemente desde allí fue llevado a Centroamérica y México donde se domesticó y ha sido por siglos parte básica de la dieta. Luego, fue llevado por los conquistadores a Europa. Durante el siglo XVI se consumían en México tomates de distintas formas y tamaños e incluso rojos y amarillos y para entonces ya habían sido traídos a España y servían como alimento en España e Italia (Monardes, 2009).

El tomate es el nombre común que se le ha dado a una planta herbácea de tallo voluble y largo. Tiene un sistema radicular pivotante, profundo y poco ramificado. Sus tallos y sus ramas son de consistencia herbácea, por lo cual la planta no se sostiene por si sola y es necesario el empleo de tutores para su sostén. Las flores se encuentran agrupadas en inflorescencia de racimo o cimas racimosas (SIAP-SAGARPA, 2016). Es un fruto de alto valor comercial y una enorme importancia mundial. La aceptación general del fruto en la alimentación es debido a su utilización en forma muy variada. Además, de sus excelentes cualidades organolépticas, alto valor nutricional y en contenido de licopeno y vitamina C (Muñoz-Ramos, 2003.).

Es una planta perenne en forma de arbusto que se cultiva anualmente y puede desarrollarse de forma rastrera, semi-erecta o erecta. Es uno de los frutos que contiene mayor cantidad de vitaminas y minerales. Se caracteriza por un elevado contenido de agua, de 90 a 94 %. México es uno de los mayores productores de tomate a nivel mundial y el primero en exportación de dicho fruto. Los frutos son diversos en tamaño y forma, una de las formas que prevalece es la elongada (Ruiz-Martínez et al, 2012.).

Condiciones edáficas y clima.

Suelo: Al igual que muchos cultivos requiere un suelo bien drenado con un porcentaje de  materia orgánica elevado, procurando tener una profundidad en el perfil de suelo entre 40 a 60 cm para el desarrollo del sistema radical.

PH: entre 6 a 6.5 para que estén disponibles los nutrimentos que contiene el suelo.

Temperatura: temperatura óptima es de 20 a 24 °C.

Humedad relativa: debe oscilar entre un 60 a 80 %, donde humedades excesivas propician el desarrollo de enfermedades fungosas y bacterianas, además de que obstaculizan la fecundación de las flores. También la humedad relativa está asociada con el rajado de fruto (INTAGRI, 2018).

Labores culturales

Desinfección de instalaciones, herramientas y utensilios. Días antes de la plantación se debe limpiar las instalaciones y desinfectarlas junto con herramientas y utensilios empleados. Se puede utilizar Peróxido de Hidrógeno y Ácido Peracético, sales cuaternarias de amonio u otros desinfectantes no agresivos con el suelo y el ambiente.

Trasplante. Debe darse un riego previo al trasplante (hasta que la humedad llegue al pasillo cuando es en suelo). Posteriormente se abre los espacios, se depositan y se fijan las plantas, buscando un buen contacto entre el suelo o sustrato y el cepellón de la plántula. En este punto pueden utilizarse productos para la inoculación del suelo y raíz a base de Bacillus spp., Trichoderma spp., Paenibacillus spp., Glomus spp., fertilizantes “starters” como el 8-24-4, reforzar con enraizadores a base de Fósforo, Ácidos Fúlvicos, Acido Indolacético y Ácido Naftalenacético.

Entutorado. Se puede hacer en espaldera (usualmente a campo abierto), sistema que consiste en colocar dos tutores en los extremos de las líneas de cultivo, después de cada labor con la que se pueda ejercer algún daño mecánico a la planta, es recomendable la aplicación foliar de productos a base de Peróxido de Hidrógeno, Azufre, Cobre o mezcla de los últimos dos.

Poda. Es una práctica referida a la remoción de brotes y hojas en el momento adecuado que permita el desarrollo adecuado del cultivo. Al momento de comenzar las podas es importante seleccionar el número de tallos que se conducirán por planta y a partir de ahí eliminar los brotes axilares. Importante la desinfección de herramienta para evitar la diseminación de enfermedades.

Polinización. Necesaria para el desarrollo uniforme de los frutos, puede realizarse de manera mecánica, hormonal o por abejorros. Para un correcto amarre de frutos, es recomendable la aplicación de productos a base de Calcio, Boro y Molibdeno.

Riego: El riego adecuado permite compensar la extracción de agua y nutrimentos, controla la acumulación de sales y mantiene un nivel adecuado de oxígeno en la rizósfera. El riego permite manipular con cierto grado el crecimiento y desarrollo del cultivo. El consumo diario de agua por metro cuadrado cuando el tomate está establecido en suelo oscila entre 2 a 3 litros, mientras que en sustrato esta entre 2 y 4 litros (más 30 %, que corresponde al drenaje).

Nutrición: en términos simples es el suministro de nutrimentos necesarios para el adecuado crecimiento del cultivo. En la actualidad, de forma general, este suministro se hace conjuntamente con el riego mediante sistemas de goteo o localizado, también llamado fertirrigación. El tomate requiere una alta disponibilidad de nutrientes como N, P, K, CA, Mg, S y microelementos como Fe, Mn, Cu, B y Zn. A partir del trasplante y hasta la floración, la relación de fertilización de nitrógeno y potasio debe ser 1:1. Al inicio del llenado del fruto la cantidad de K debe ser mayor (N/K 1:2 o 1:3) por su contribución en la maduración y el llenado de frutos (López-Marín, 2017).

Cosecha: los tomates para consumo en fresco se cosechan manualmente en estado de maduración conocido como estrellado o rayado (etapa de color 2, llamado Breaker o quebrante) y algunos pocos en el estado 3 (Turning o cambiante)  o 4 (Pink o rosado). Durante la cosecha es importante utilizar cajas o contenedores desinfectados y de ser posible emplear materiales esponjosos dentro de la caja para evitar daños mecánicos del fruto (INTAGRI, 2018).

Postcosecha: Al momento de llegar los frutos al empaque es importante que estos sean enfriados para conservar su calidad y extender su vida de anaquel. La fruta de tomate no debe almacenarse a temperaturas inferiores a los 10 ºC. La vida de anaquel de los frutos de tomate está en función del estado de madurez, los tomates verdes presentan de 21 a 28 días, los tomates rosados varían de 7 a 14 días y los tomates rojos de 2 a 4 días.

Referencias

INTAGRI. 2018. El Cultivo de Tomate. Serie Hortalizas. Núm. 14. Artículos Técnicos de INTAGRI. México. 9 p.

López-Marín, L.M. 2017. Manual técnico del cultivo de tomate (Solanum lycopersicum).San Jose, C.R. INTA. pp 43-44.

Monardes, M. H. 2009. Características botánicas. p 10. En: Manual de cultivo de tomate (Lycopersicum esculentum). InnovaChile. CORFO. Chile.

Muñoz-Ramos, J.J. 2003. El cultivo de tomate en invernadero. P. 226-227. En: J.J. Muñoz-Ramos y J.Z. Castellanos (Eds). Manual de producción hortícola en invernadero. INCAPA. México.

Ruiz-Martínez, J.; Vicente, A.A.; Montañéz-Saenz, J.C.; Rodríguez-Herrera, R. y Aguilar-González, C.N. 2012. Un tesoro perecedero en México: el tomate, tecnologías para prolongar su vida de anaquel. Investigación y ciencia de la Universidad Autónoma de Aguascalientes. Núm. 54. pp 57-63.

SIAP-SAGARPA. 2016. Jitomate Mexicano. Planeación Agrícola Nacional 2017-2030. 20 pp.

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